La flor y la tijera

Esta pequeña historia, como todas las que merecen la pena, comienza con un beso. Al igual que todas las historias que duelen, pero que merecen ser vividas, termina con dos corazones rotos. Pero existe una diferencia. Un corazón se desplomó contra el suelo y se rompió en mil pedazos que nadie supo reconstruir. El otro, cayó en nuevas manos que lo terminaron por romper, aunque aun encajasen algunas piezas. Este se dio cuenta de que estaba en las manos equivocadas, pero ya era demasiado tarde para salir corriendo. El miedo hizo de muro, que se le da de fábula, y aquellas manos lo atraparon. Ya nunca más quiso volver. Es una pena, sus pedazos aun siguen queriendo encajar en nuevos pechos, pero sólo el suyo conoce la combinación para volver a encajar el desastre. Creía que era una bella flor, pero en realidad era una tijera con nombre de flor. Y terminó por cortarle las alas.

Nunca es el momento perfecto

Observas la tormenta
revolverse en tus entrañas
y ni siquiera te mueves,
mientras poco a poco te apagas,
como una luz incandescente
después de sucumbir al hastío
de los pensamientos que te anegan.
La mente, contrariada y sola,
nunca sabe cuando es suficiente.
Cuando ya es hora de romper el reloj
y agarrar los minutos,
que no se escapen, que son tuyos.
Empieza a vivirlos como tal.
Bébete hasta el último segundo
y siente como viaja por tu garganta,
y desciende hasta tu (co)razón.
El momento perfecto
para despertar del letargo
ha llegado, porque
siempre estuvo aquí, justo aquí.
El momento perfecto es ahora,
siempre lo fue.

El tiempo vuela

Abro la puerta y me deslizo en la penumbra.
La cama huele a besos rotos, perfumes viejos
y a sueños de otros tiempos.
Hace un año que ya no soy la persona que fui.
Hace exactamente 365 días que me saqué la espina
y comencé un camino lleno de poesía, dulce y amarga,
pero es el único sueño que sigue en pie y que,
permanece en mi cabeza cuando no estoy durmiendo.
A veces la oscuridad es la única luz que conozco,
la que me hunde y me saca a la vez las heridas,
me las roza y coquetea con mis lágrimas.
Sonreír con mentiras y llorar por la verdad,
conocer todos los caminos y saber que sus atajos
conducen a la soledad, esa que siempre merodea
en las esquinas de los recuerdos que hoy ya son invierno.
Aprendí por fin a vivir en el mundo real
y cuando menos lo esperaba me confundí de nuevo.
Cuando sales de un agujero siempre hay otro
en el que poder resbalarte y llenar tus manos
de más recuerdos.
Sé que soy todo lo que hago, lo que hice, lo que anhelo,
lo que no consigo y lo que todavía se me resiste
pero acabaré haciendo.
Me pierdo y no es nada nuevo,
aunque no sé cómo termino por encontrar
entre todos mis confines el camino de regreso.
Y cada vez que vuelvo soy más irreflexivo,
más triste, incluso en ocasiones me creo
que aprendo a estar más contento, pero
sólo es verdad a medias
y eso es lo más triste de todo.
Lo cierto es que me duelen las sonrisas,
que no salen y apenas entran.
Supongo que aun quedan espinas que sacar
mientras lucho por no dejar que se hundan
las que ya se están clavando.
A veces tengo que escribir porque no me entiendo,
vuelve esa sensación tan rara de no conocerme
pero saber que de alguna forma me acabaré conociendo,
leyendo lo que escribo y dejándolo volar con el viento.

Tus dedos por mi espalda

A veces me deshago en hilos
que son muy difíciles de ver
y aún más lo es
juntarlos de nuevo.
El frío congela cada gota de mi eterno
y melancólico invierno,
ese que llevo por dentro como penitencia
por haberme fallado tantas veces
y no ser capaz de perdonarme.
Y en ocasiones la ira me invade,
ni el verano me salva
porque se adentra en mi pecho y arde.
Soy todo contraposición, contraste, discrepancia.
Pero el frío es menos frío
bajo tu manta
y el calor abrasa menos
cuando deslizas tus dedos por mi espalda.

Quédate (Para siempre)

Siempre hay algo que intenta morderme por dentro
y me olvido de lo bueno, de lo que hace
que merezca la pena seguir manteniendo la compostura.
Pero hay cosas que no se pueden olvidar
y ahí estás tú.
Es imposible olvidar los trazos que tus dedos
dibujan sobre mi piel,
cada vez que te acercas a mi cuerpo,
y cada vez que me agarras para morderme la boca.
Tus pestañas rozando mi mejilla
y tus manos deslizándose bajo mis miedos.
Cuando tú estás no tengo ganas de nada más.
Cuando tú estás el dolor se marcha.
Cuando tú estás el reloj de arena se vacía
y solo queda un recipiente hueco.
Eres experta en hacer que dejen de llover mis ojos,
que dejen de atacarme mis más tristes pensamientos
y que vuelva al equilibrio del que jamás
debí salir.
Tú eres equilibrio.
Consigues que el futuro dejé de ser estrella fugaz,
que el pasado sea solo polvo de un espacio
del que ya hemos logrado escapar, pero sobre todo
conviertes mi presente en la luna
que siempre quise escalar para ver el mundo diferente.
Quédate para siempre.

Sigo buscando las palabras

Cuando tus brazos abrazan
el tiempo se pierde.
Cuando tu boca muerde
mis miedos se atragantan.
Cuando tus labios besan
el mar se esconde.
Pero cuando pestañeas
las olas corren hacia a ti
como si tu fueras la luna
que las atrae.
Igual que haces conmigo.
Cada noche me das otra pincelada
de felicidad que me resulta imposible
de explicar, pero lo consigues siempre.
Eres evasión y medicina contra todo,
polvo de estrella que hace realidad
mis deseos de caricias.
Eres todo y más que todo
porque me vacías de palabras.
Aun recuerdo el primer poema
que te escribí
y lo mucho que me costó.
No encontraba las palabras para decirte
que vi en ti lo nunca pensé
que pudiese existir,
pero era lo que siempre había buscado.
Todavía sigo buscando esas palabras,
mientras las encuentro
quédate a mi lado.

Todas las rosas necistan amor

Las rosas necesitan la lluvia de vez en cuando. Nosotros buscamos algo de cariño aunque terminemos con el corazón desencajado y solo después de tanto viaje dándolo absolutamente todo. Y se nos parten los recuerdos como cristales de espejos a través de los que no paramos de mirarnos en vez se seguir caminando. Nos pasó, nos pasa y volverá a suceder quizá, aunque no queramos. Luces, sombras, sonrisas, el corazón otra vez con sus desengaños. Vivimos en la eterna cuerda floja tratando de salir enteros del daño. Siempre queda algo de nosotros que no vuelve jamás, lo reinventamos. Tú, también eres como esa rosa que se contonea con la lluvia y a veces cae rendida y se ahoga en cualquier charco. Pero también tú, eres esa fuerza que aguanta y renace de su fracaso. Y estás preciosa con todas esas heridas en el alma y con los mordiscos del pasado aun en los labios. Porque todo eso hace conjunto con tus aprendizajes. Son el compás de cada paso, de los latidos de tus ilusiones y de tu impronta por olvidar las lágrimas para sonreír como si nada hubiera pasado. Todos necesitamos la lluvia de vez en cuando, caer y erigirnos más fuertes con cada pisada, con cada bocanada de aire. A veces las cosas dan más miedo del que deberían y le tenemos menos ganas al amor. Pero es que es lo único para lo que nunca hay que perder las ganas.