Otoño

En otoño
hasta el más frío rescoldo de amargura
brilla orgulloso en los cuadernos.
Porque otoño para mí
es mes de poesía.
Es todos y cada uno
de mis sueños caídos
y las veces que levanté mi alma
para seguir peleando.
Otoño es poesía,
otoño es renacer.
Es ese miedo que aparece
cuando escoltas tu dolor
hasta la puerta
y todavía dice que no quiere marcharse,
que aún le queda trabajo por hacer
en tu pecho.
Otoño es sinónimo de adiós,
pero también sirve como bienvenida.
Es la estación en la que los segundos
envejecen de forma diferente
al el resto del año.
Es alegría bajo la lluvia
horneada a beso lento en la piel.
También es melancolía agria
que se resiste a volar lejos
para jamás volver.
El otoño forma parte de mí
y es tan esencial, tan necesario
que cada hoja caída
se merece un recuerdo.
Cada batalla perdida
se merece una lágrima.
Pero sobre todo,
cada mujer del mundo
se merece un poema.

Amor amurallado 

No necesitamos a nadie para volar libres y para agotar el tiempo de esto que llamamos vida; y que a veces ingenuamente, creemos que dura para siempre. Pero yo elijo dar bocados a las nubes en la mejor de las compañías; 

elijo tu boca como hogar porque me transporta al infinito. 

Yo que guardo sonrisas en el olvido, estallo de júbilo cuando te quedas a mi lado, cuando tú también me eliges. 

Cambio el significado de libertad, entiendo lo que significa amor, dejo de intentar sonreír porque ya lo estoy consiguiendo poco a poco. 

Sonrío cuando me llamas, cuando prendes, cuando estallas, cuando todo eso se traduce en risas, pasión y se quedan fuera las lágrimas. 

Ven, ven

no te prometo felicidad,

te prometo tan sólo su búsqueda.

Ven, ven

no te prometo riqueza, 

tan sólo caricias que conviertan el tiempo en oro. 

Ven, ven

no te prometo la eternidad a mi lado mientras dure,

pero te prometo poesía en cada beso y ganas, siempre ganas, 

muchas ganas de ver qué nos depara el futuro. 

Ven, ven

y no tengas miedo 

que para siempre dura un sólo segundo; 

ese que tardamos en juntar nuestros labios en un beso. 

Si al final vienes

te mostraré mis cicatrices

y haremos que los versos canten para salvarnos. 

Corazón en ristre 

Estaba sujetando con mis manos tupidas la melancolía y la abrazaba cada vez más. Tenía todo lo necesario para cubrir tu pecho y recostarme en tus costillas, volar contigo, hilar fino todas las desventuras que sufrimos y arrancar los puntos que quedaban por suturar. 

Pero tiraste demasiado fuerte y yo que soy un fraude para el corazón, me desangré sobre ti. 

Después de quemarnos en camas y suelos hasta extenuarnos, no quedó nada más que un palpito sordo; 

medio segundo de un reloj atrapado entre el latido final y la lágrima que se precipita en mi mejilla. 

No quería marcharme pero lo pediste a gritos. 

No quería volver pero el recuerdo era dulce. 

Sabía demasiado bien que no podía regresar si un día desaparecí y te anclaste en otros besos, pero yo iluso creyendo en segundas oportunidades caí en mi propia trampa. 

El amor es un grito ahogado que baila en tu garganta hasta que te tragas los miedos y empiezas a abrir los ojos. 

Buscándote en mis sueños

Observar tu espalda desnuda
justo antes de cerrar mis ojos.
Esa es la clase de sueños
que merece la pena
hacer realidad cada día.
Sentir tus pies fríos
acariciando los míos
y la sábana de confidente,
mientras las pesadillas se marchan.
Darle un nuevo significado
a tu risa despertando entre juegos
de cosquillas a cada nuevo día.
La sonrisa cómplice en el desayuno,
la mirada furtiva al hacer la cama;
sabiendo que volveremos
a terminar en ese mismo escenario.
Allí dónde comenzó.
Y ojalá no acabemos nunca
de recoger la sábana del todo,
porque así siempre está lista
para nuevas guerras,
para soportar nuestros tropiezos,
para tener un lugar
en el que encontrarnos
siempre que nos busquemos.

A corazón abierto

Qué hay después del suspiro,
el vacío inexpugnable;
la veda queda abierta
y las vendas se descosen,
se deshacen, desaparecen.
El tiempo ya no corre,
rasga y deja rotas las costuras.
Yo que apenas soy capaz
de enhebrar un aliento de felicidad
en estos tiempos de máscaras
que danzan al filo de la hipocresía.
Ya sólo tengo la certeza
de que no existe nada
que no sea nuestra propia
invención;
y que me asusta
no saber si el reloj se va a quedar
sin arena mañana;
tal vez se apague la lluvia hoy
y no queden razones
para seguir alejándonos.
Puede que por fin llegue el momento
que tanto habíamos esperado.
Perder el miedo
y las apariencias
para disfrutar la vida
a corazón abierto.

Bailando entre caricias

Tú no lo sabes pero
el sol se deleita con tu cuerpo;
cada mañana cuando le abres la ventana,
mientras las cortinas se baten en retirada.
Tú no te das cuenta aunque,
tu mirada prolifera más allá
de cualquier pero;
y no puedo negar nunca a tus ojos
un último chispazo antes de girar el cuello.
Siempre fui propenso a los desastres,
pero tú eres la armonía que buscaba.
Has quemado ya las heridas y las has guardado
lejos,
donde no puedan abatirme durante un buen rato.
Y siempre lo consigues,
me vuelcas, me volteas, me rompes los esquemas
y creas nuevos planos de mi cuerpo
en otros caminos paralelos que seguir recorriendo.
Eres el “sí” cuando todos dicen “no”
y la verdad cruda cuando es necesaria.
Eres el remanente de un futuro acorralado
entre mi latido y la electricidad del cortex,
que combinan fuerzas y se imaginan un futuro contigo.
Un mañana donde no importe ayer,
un presente que sea el regalo que siempre deseamos.
Levantarme con tu mirada observadora
desde lo alto de tus ojos;
sentir que aunque todo fuera se caiga a pedazos ,
aquí dentro estamos tú y yo
reconstruyendo Roma
ladrillo a ladrillo
y bailando entre caricias que se pierden en el tiempo.

Mar en calma 

Un mar en calma no es otra imagen que la de la vida en pelea; sumisa en un traqueteo incesante de pensamientos que aparecen como una ola de lágrimas saladas cuando menos lo esperas. Luchas por mantener el agua en un estado inerte aun sabiendo que no se puede. Quieres que desaparezca la luna y que no siga surcando los aledaños de tu mente. Sigues esperando a que la tormenta no despierte y hunda las pocas ganas de mantenerte a flote que aun te quedan. No hay gaviotas, no hay playa, ni otra nueva tierra que encontrar por delante de tus ojos.Te desvaneces, como si siempre hubieses sido nada más que un espejismo en un desierto inmenso y mojado al que llamaste mar, sin saber que el mar es lo que te conduce lenta y suavemente hacia el fondo si no aprendes a nadar; pero también puede llevarte lejos, muy lejos, hasta encontrar lo que no sabías que estabas buscando. Es fácil perderse, procura despertar a tiempo.