Todas las rosas necistan amor

Las rosas necesitan la lluvia de vez en cuando. Nosotros buscamos algo de cariño aunque terminemos con el corazón desencajado y solo después de tanto viaje dándolo absolutamente todo. Y se nos parten los recuerdos como cristales de espejos a través de los que no paramos de mirarnos en vez se seguir caminando. Nos pasó, nos pasa y volverá a suceder quizá, aunque no queramos. Luces, sombras, sonrisas, el corazón otra vez con sus desengaños. Vivimos en la eterna cuerda floja tratando de salir enteros del daño. Siempre queda algo de nosotros que no vuelve jamás, lo reinventamos. Tú, también eres como esa rosa que se contonea con la lluvia y a veces cae rendida y se ahoga en cualquier charco. Pero también tú, eres esa fuerza que aguanta y renace de su fracaso. Y estás preciosa con todas esas heridas en el alma y con los mordiscos del pasado aun en los labios. Porque todo eso hace conjunto con tus aprendizajes. Son el compás de cada paso, de los latidos de tus ilusiones y de tu impronta por olvidar las lágrimas para sonreír como si nada hubiera pasado. Todos necesitamos la lluvia de vez en cuando, caer y erigirnos más fuertes con cada pisada, con cada bocanada de aire. A veces las cosas dan más miedo del que deberían y le tenemos menos ganas al amor. Pero es que es lo único para lo que nunca hay que perder las ganas. 

Con la despedida en los labios

Me dejaste con la despedida en los labios.
Te marchaste sin avisar demasiado,
sólo dando indicios de que eras pasajera.
Intenté convencerte pero
desarticulaste mi repertorio de te quieros.
Me miraste y me dejaste allí callado
como si ya me hubieras dicho todo
pero no te atreviste a enfrentarte a mis lágrimas.
Y yo parado, intentando inquirir un gemido hueco
que se perdió en el ralentí del viento,
te vi marcharte igual que habías venido,
llena de inseguridades y lamentos.
Decir  que dejaste huella sería
darle demasiada importancia a tus besos,
que sangraban en mi piel amargos recuerdos.
No mentiré diciendo que hubiese cambiado por ti
hasta mis versos,
pero tampoco sería verdad si dijese
que nunca me amarga tu memoria.
Decidí aprender a olvidarte,
era la mejor opción para este corazón
que busca en cada pecho nuevas vías de escape.

El infinito en tu bolsillo

Abriendo el corazón delante tuya
y dejando al descubierto
todos los rotos apagados
con pasados resueltos pero no olvidados,
con ganas de morder el futuro junto a ti.
Me deslizo por tu espalda con los labios
y lleno de mis besos tu piel de luna,
blanca y brillante como ninguna,
suave e infinita.
Se me calienta el alma
cuando mis manos reptan hacia tu ombligo,
cuando mis sentimientos resbalan sobre tu cuello
y cuando mi lengua serpentea entre tus piernas.
Sólo tu pecho pegado al mío encuentra en mí
todo lo que siempre había buscado,
todo lo que jamás quería encontrar
porque los deseos de ensueño son poco más
que anhelos apagados en el cielo
como una estrella triste,
y no parece que se vayan a cumplir.
Pero entonces, tú te encendiste
y me enseñaste el calor y la luz
que eras capas de desprender.
Creo que desde el momento justo
en el que conocí cada detalle de ti
me enamoré perdidamente de tu estrella,
esa que vibra y toquetea todo mi ser,
esa que está escondida en tus latidos.
Toda tú, eres poesía
en cada movimiento de muñeca,
en cada giro sobre tus delicados pies,
en cada despedida que siempre vuelve,
en cada mirada que destapa mis ganas
de quererte toda la vida.
No quiero que me vendan un mañana encorsetado,
quiero construirlo en tu boca,
que es la balanza que equilibra todas las tristezas.
No quiero salir de la ensoñación que son
los momentos contigo,
no quiero verme desprovisto de tus besos y abrazos,
no quiero verme impostado en un adiós
que podría haber sido eternidad a tu lado,
y se quedó en un sueño imposible.
Quiero volar a todos tus confines
y seguir descubriéndote año tras año
porque escondes el infinito en el bolsillo
y yo quiero agarrar ese infinito con mis manos.

Líneas desencajadas 

Quiero pararme unos segundos y dedicarte unas líneas, de esas que van directas al corazón. Ojalá pudiese decirte cuánto echo de menos tener tus manos sobre mis heridas, saciando el ansia de caricias y de besos que encierren mis pasados entre los resquicios de mi piel. Eres la aguja que enlaza perfectamente los puntos de sutura necesarios para olvidarme de todo lo que nunca quiero recordar. Se hace difícil no pensar en lo que duele cuando llueve, cuando las culpas señalan, cuando las lágrimas vuelven y resbalan por debajo de los ojos. Y pese a todo, tú lo consigues. Eres experta en desarmar todos mis escudos, mis armas de autodestrucción, de nadar entre mis lagunas y rescatarme de nuevo. Bajas de la Luna de vez en cuando para subirme a tu cielo y hacerme volar junto a ti. Me desencajas todos los planes y las rutas alternativas, porque el único camino que quiero seguir eres tú. Entre tanto humo, mentiras, barbaridades e injusticias apareces y das esperanza. Hay algo que puede merecer la pena en el mundo, nunca será otra cosa que el amor que salva de los abismos profundos, de las melancolías caducadas que no se quieren marchar, de la herida que contemplamos deseando que desaparezca y nunca se fue. Lo he dicho de muchas maneras… besando, abrazando, acariciando, gritando desde lo lejos, en susurros, en mi mente, por mensajes, acudiendo cuando es necesario, bajando a las tres de la mañana para hablar o a las seis para dar un beso, con música y sin ella, tumbado, de pie, con lágrimas en los ojos, con sonrisas imborrables, con miedo, con ganas. Lo he dicho de muchas formas diferentes, pero hoy más que nunca lo significa todo, y no podría no decirlo una vez más, te quiero. 

Amor en libertad

Me dicen que amar es como meterse en una jaula, y entonces yo respondo que no saben mirar bien. Los que están ciegos son ellos y no el amor. No se dan cuenta de que es la llave hacia infinitas sonrisas, mordiscos en el labio, besos en el cuello, tomar helado en la cama, pasear bajo la Luna, llenar las tardes de alegría, discutir y acabar a besos, volar más alto que nunca, desayunar a las siete de la tarde, ducharse y volver a tener que hacerlo porque tan solo cambias el agua de la ducha por el sudor de vuestros cuerpos al salir. Puedes refugiarte entre unos brazos donde siempre te reciben como en casa y todo se pasa, todo parece estar bien. Y lo estará. No se dan cuenta de que no eres esclavo, eres todo, todo menos eso. Cuando eres todo para alguien eres libertad, porque no hay nada más libre que elegir con quien compartir cada pedacito de ti, cada latido de tu corazón, cada fracaso y cada victoria. La mayor libertad es amar y ser amado. El problema es el la venda que nos ponemos, esa venda de celos, posesión y dependencia. No te equivoques, la única persona de la que depende tú felicidad eres tú, con otros tan sólo la compartes y la agrandas. Primero hay que quererse, después querer y cuando quieres de verdad al final tiras la venda por mucho que te cueste. Ama sin restricciones, sin peros, sin barreras, sin miedos, sin verdades a medias ni mentiras piadosas. Ama dándolo todo, que puestos a hacerlo, hagámoslo de verdad…. y las heridas, ya veremos, pero es lo último en lo que debes pensar. Porque al final, no existen muchas maneras de amar, tan sólo una, y es en verdadera libertad.

Una herida para siempre

Me miras, te callas y ahí
en ese momento
empiezo a preguntarme otra vez
como hice para que todas
las infinitas posibilidades de la vida
te colocasen justo aquí
en mi presente.
Siempre intentando introducirme
por las comisuras de tus labios
directo hasta tu garganta,
buscando atravesarte el corazón
de punta a punta,
de un latido a otro
hasta hacerte sentir lo que yo siento.
Siempre estoy atento
al más mínimo detalle que estalla
en tus ojos.
Cada mirada furtiva
que rasga mi perfil con tus pupilas.
Cada roce aprensivo que descose
todas las heridas.
Los bálsamos de tus manos
cuando tocas mi frente.
Tus dos labios liberando felicidad
en mis mejillas.
Y mi corazón diciéndome
que no eres diferente,
que eres herida,
pero si de verdad lo fueses,
quiero que seas mi herida
para siempre.

A lo que miramos 

Y a qué miramos, lo miramos todo pero la mayoría del tiempo no vemos nada. Buscamos lo que no necesitamos para reafirmarnos ante las personas equivocadas. Nos caemos de nuestra nube al menos veinte veces al día y aún así, nos empeñamos en seguir subiéndonos al cielo siempre que podemos. Intentamos arrancar alguna estrella y nos peleamos por la Luna, aunque ella no es de nadie y jamás lo será. Y por eso amo y por eso odio al ser humano, capaz de lo peor y de lo mejor al mismo tiempo. De perder las veces que haga falta para ganar, de ser capaz de soportar las mayores caídas contra el suelo y después volver a volar, sin alas, sin miedo o con él, libres. Pese a las limitaciones que nos ponen y que nos ponemos sobre todo, el mayor poder que alguien nos puede dar es decirnos que nosotros podemos tomar el control, que nosotros podemos decidir cambiar las cosas. El problema es que seguimos mirando sin saber a dónde y los peros nos terminan de oscurecer el camino. HOY, es el día para decidir que es tiempo de empezar a cambiar cosas.